enero 12, 2006

Torres del horror (y de papel).

Ya casi está llegando al límite permitido, sí. Ayer, intentando devolver a su lugar en la pila el libro de Sontag, descubrí una leve, o no tan leve, inclinación de la torre (al mejor estilo Pisa) hacia un costado, pidiendo a gritos ser alivianada. La mesita azul ya no tolera (y dicho sea de paso, tampoco Guillermo), lo que yo considero, una forma ordenada de acumular libros. Pero es que no puedo, no puedo de a uno a la vez. Aunque nadie lo crea, los voy leyendo todos, absolutamente todos, de a ratos, de a trozos, desmembrados, bifurcados, pero en un punto de mi cabeza todos se conectan. El único desconectado de la torre del horror es Justine de Sade (aunque ahora que lo pienso mejor no está tan descolgado). Respeto al menos una temática que no me abandona, y que, ahora ya lo sé con certeza, no respondió a un mero momento de crisis personal.
Sé que este blog tuvo un comienzo un poco álgido, con una escritura enojada, puchereada, pero…está bien, está bien que eso se manifieste también, o no estaría reconociéndolo ahora.
Las fotos de los campos sirven de cimientos al resto de la torre, que por suerte tambalea. Será que ya no se sostiene tanto desgarro. Será que es tiempo de separarlos y dar-les, dar-me, un respiro.

enero 10, 2006

Punto blanco.

Paula me confesó hoy que tiene dos cuadernos llenos de ideas. Me confesó que siente que ya hizo todo lo que allí está escrito, pero aún no lo llevó a la práctica. Quizàs no sea aún el momento, me dice.
El problema no es que me sienta mal, es que no quiero que se trabaje mal
Punto blanco es ese punto en el cual el abismo se instala. Vestidos lánguidos, pàlidos, un concepto tan luminoso, que paraliza todos los sentidos. Un hanami que no ví, pero que siento que ya ví, a la distancia. El concepto del amor en una cama que engulle, repele, y atrae. La violencia de los cuerpos que se buscan, se lastiman, y se agobian de sudor. Instantáneas que nadie se llevó dentro de una cámara, pero que se han convertido en memoria. Algo, Paula, que debería continuar, claro está, cuando tu lapicera escriba el punto final (o punto y coma?) en tu tercer cuaderno…blanco.