
Delicias de Marguerite.
A propósito de El Pabellón de Oro de Mishima: “La ambivalencia amor-odio que el novicio siente por el Pabellón de Oro se convierte además en una alegoría. Un crítico europeo ha visto en ella, a mi juicio erróneamente, sobre todo en la fecha en que el texto fue escrito, el símbolo del cuerpo, al que Mishima concede una especie de valor supremo, precisamente por ser destructible, y sobre todo, quizás, a condición de destruirlo por su propia mano. Visión a la vez sofisticada y primaria, como tantas otras de la crítica de nuestro tiempo, que no tiene en cuenta el momento específico en que se sitúa un libro en el transcurso de una vida y que se empeña en ligar al autor con su obra por medio de cables, en lugar de hacerlo con finos capilares”.
A propósito de El Pabellón de Oro de Mishima: “La ambivalencia amor-odio que el novicio siente por el Pabellón de Oro se convierte además en una alegoría. Un crítico europeo ha visto en ella, a mi juicio erróneamente, sobre todo en la fecha en que el texto fue escrito, el símbolo del cuerpo, al que Mishima concede una especie de valor supremo, precisamente por ser destructible, y sobre todo, quizás, a condición de destruirlo por su propia mano. Visión a la vez sofisticada y primaria, como tantas otras de la crítica de nuestro tiempo, que no tiene en cuenta el momento específico en que se sitúa un libro en el transcurso de una vida y que se empeña en ligar al autor con su obra por medio de cables, en lugar de hacerlo con finos capilares”.
Yourcenar, Marguerite; Mishima o la visión del vacío.